Trastorno de duelo complicado persistente (duelo patológico)

¿Estás realmente bien o sólo estás acostumbrado a decirlo?

Infórmate sin compromiso

A lo largo de la vida, todos los seres huma­nos sufren en mayor o menor medida el duelo por una pérdida. Es una experiencia emo­cional humana universal, única y doloro­sa, que puede delimitarse en el tiempo, presenta una evolución previsiblemente favorable, requiere la necesidad de adap­tación a la nueva situación y puede ser una oportunidad de crecimiento.

De esta manera, debemos entender el duelo, como una experiencia vital estresante de primera magnitud, pero no considerarlo como una enfermedad. Suele acontecer tras la muerte de un ser querido, ante una ruptura sentimental, ante una enfermedad, ante un proceso oncológico o durante el transcurso de la intervención en cuidados paliativos, entre otros. Este proceso natural, viene determinado por cinco estadios emocionales:  negación, rabia, negociación, depresión y aceptación, que cursan a su vez, con diversas manifestaciones cognitivas, emocionales, comportamenta­les y físicas.

En el duelo entendido como “normal”, la mayoría de las personas afrontan de forma efectiva el mismo y suelen sobreponerse a la pérdida, pero existen otras circunstancias que hacen que el proceso sea especialmente difícil (duelo de riesgo) y que, en ocasiones, se complique (trastorno de duelo complejo persistente). En estas situaciones, podríamos referirnos, en términos generales, al proceso como “duelo complicado”, que se caracteriza porque:

  • La pena no se expresa en absoluto, ni siquiera pasados los primeros días,  o aparece con la misma intensidad durante un largo periodo de tiempo, semanas o incluso meses.
  • Se muestra incapacidad para desvincularse del fallecido, de la pareja alejada…. Se expresa culpa excesiva y autorreproches.
  • Se es incapaz de retomar la vida en un nuevo marco en el que no está el fallecido, la pareja,….: aparecen dificultades para reanudar la actividad laboral, social, etc.
  • A partir de los seis meses del fallecimiento, aparece cualquier alteración mental. Fundamentalmente depresión, trastornos de ansiedad y adicciones.

Todo ello, determinará la existencia de problemas durante la asunción de la pérdida, cursando con indicadores patológicos como: soledad intensa, carecer de planes y metas, sentirse insensible e indiferente, experimentar incredulidad respecto a la muerte, estar irritable y apático, recordarle con una enorme y profunda tristeza, buscarle por todas partes, sentirse inútil, sentirse culpable por estar vivo o creer que es injusto seguir vivo, sentirse mal por seguir adelante con su vida, etc. No obstante, no solo dicha  sintomatología en sí, será relevante en el desarrollo del duelo complicado, sino más bien su frecuencia, su intensidad y/o duración, y el hecho de que interfieran de forma marcada en el funcionamiento habitual.