TRASTORNOS DISOCIATIVOS

La disociación implica una desconexión entre la mente de la persona y la realidad del momento presente.

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Todo el mundo podemos disociarnos. En ocasiones no recordamos parte del recorrido que hicimos del trabajo a casa porque nos preocupaba algo o por ir escuchando la radio. Sin embargo, otras formas de disociación provocan una ruptura entre las sensaciones y las percepciones de los hechos de la vida.

Los trastornos disociativos (disociación: falta de conexión entre elementos), tienen un origen traumático, son secundarios a experiencias traumáticas prolongadas y repetidas, y se suelen iniciar en la infancia. El abuso crónico y grave (psicológico, físico y/o sexual), el abandono durante la infancia, una pérdida precoz importante, una enfermedad médica grave o sucesos estresantes abrumadores son algunos ejemplos.

En la infancia, a medida que el menor se desarrolla, la exposición a estas experiencias traumáticas puede tener efectos duraderos sobre la capacidad de la persona para construir una identidad única, de manera que se aprende a integrar diversos y complicados tipos de información y experiencias en una única identidad personal cohesionada y compleja. Estos niños (que se convertirán en adultos), desarrollan una mayor capacidad de escapar a las vivencias dolorosas “retirándose” en su propia mente.

QUÉ ES

“Me siento de repente, insoportablemente triste, sin una razón aparente, y luego siento que la tristeza desaparece casi del mismo modo en que apareció”

“Me encuentro haciendo algo que normalmente no haría, pero siendo incapaz de detenerme, casi como si me viera forzado a hacerlo”

“Es como ser un “pasajero” en mi propio cuerpo, en lugar del conductor”

El Trastorno Disociativo es una perturbación de la identidad que se caracteriza por dos o más estados de la personalidad bien definidos: “Una o más de las partes de la conciencia de la persona (…) evitan los recuerdos traumáticos y desempeñan las funciones de la vida diaria, mientras que una o más partes de ella siguen fijadas a las experiencias traumáticas y a las acciones defensivas.” [Van der Hart y colaboradores (2003, 2006)]

Siguiendo a estos autores, esta coexistencia de partes que reexperimentan el trauma y otras que lo evitan sería el mecanismo subyacente a un Trastorno de estrés postraumático complejo. La parte fijada a la defensa y la reexperimentación la denominan “parte emocional de la personalidad” y contiene recuerdos traumáticos, experiencias somatosensoriales, intensas, alucinatorias y fragmentarias. Mientras tanto, otra parte de la personalidad se enfrenta a la vida cotidiana evitando los contenidos traumáticos (“la parte aparentemente normal”). Esta amnesia de los recuerdos traumáticos es la que permite seguir viviendo “como si nada hubiera ocurrido”.

La disociación que se genera, sería “una defensa frente a la ansiedad generada por las experiencias traumáticas”. En esta disociación, la conciencia se estrecha de tal forma que unas experiencias no se asocian con otras. Lo traumático se separa de lo no traumático.

La disociación es eficaz frente al trauma cuando no hay forma de evitarlo, al permitir un escape de un nivel de sufrimiento intolerable. Sin embargo, en el futuro la persona con reacciones disociativas no sabrá protegerse de situaciones en las que sí podría hacerlo.

Es importante señalar que la tendencia a disociar no es heredada genéticamente (Simeon et al., 2001), ni se han encontrado causas neurológicas o médicas.

SÍNTOMAS

El diagnóstico suele ser difícil, en parte por la propia sintomatología y también por el manejo de la misma por parte de los pacientes.

Las personas con este tipo de trastorno suelen manifestar una actitud de ocultación o minimización de sus síntomas. Dado que estos se inician en la infancia, no suelen aparecer de forma brusca y por tanto no suelen suponer un cambio brusco en la percepción subjetiva de la persona, por lo que puede no tener conciencia de lo que le ocurre o percibir que le ocurre algo que otras personas juzgarán como anormal.

A menudo, la persona trata de restar importancia a sus síntomas y al efecto que tienen sobre los demás.

Aunque el trastorno de estrés postraumático (TEPT) sea la base que subyace, la persona con trastorno disociativo presentará síntomas que no se recogen en un TEPT simple.

En los Trastornos Disociativos es frecuente encontrar rasgos de personalidad evitativos, autoagresivos, borderline y pasivo-agresivos, así como paranoides. Existe además una gran comorbilidad con otras patologías como trastornos de ansiedad, depresión, abuso de sustancias, trastorno límite de personalidad, sintomatología ansioso-depresiva, ideación suicida y sintomatología propia de enfermedades físicas (como cefaleas intensas o dolor en otras partes del cuerpo).

Es frecuente que exista amnesia en forma de lagunas en la memoria de acontecimientos personales pasados, o fallos en la memoria de acontecimientos cotidianos actuales y habilidades bien aprendidas, o descubrir la evidencia de cosas que han hecho pero que no recuerdan haber hecho. Las personas afectadas pueden tener la sensación de que todo un periodo de tiempo ha quedado en blanco.

La mayoría de la población general es incapaz de recordar acontecimientos de los primeros 3 a 5 años de vida, pero las personas con trastorno de identidad disociativo tampoco recuerdan los hechos pertenecientes al periodo de tiempo comprendido entre los 6 y los 11 años de edad.

También es frecuente que los pacientes con Trastorno Disociativo presenten alucinaciones auditivas y refieran oír voces que conversan entre sí o que intentan controlar su conducta. Es común que las voces se hayan iniciado en la infancia. Por lo tanto, el trastorno de identidad disociativo puede ser mal diagnosticado como un trastorno psicótico como la esquizofrenia. Sin embargo, las personas con trastorno de identidad disociativo experimentan estos síntomas como provenientes de una identidad alternativa, desde el interior de su cabeza. Las personas con esquizofrenia por lo general piensan que la fuente es externa, fuera de sí mismos.

TRATAMIENTO

Los procesos terapeúticos en estos casos son largos. El tratamiento estará ordenado  principalmente en tres fases:

  1. En un primer momento estará orientado a lograr seguridad y estabilidad en la vida del paciente. Se establecerá una buena alianza terapeútica y se incluirá psicoeducación, reestructuración cognitiva y desarrollo de la funcionalidad general, su autonomía y sus relaciones interpersonales.
  2. Se pasará posteriormente a una segunda fase de trabajo con el trauma, de procesamiento de los recuerdos, con reencuadre de perspectiva, superación de sentimientos de culpa y vergüenza, y terapia sensoriomotora entre otros.
  3. Por último, se abordará la fase final de reconexión, en donde se trabaja la integración de las identidades.

Respecto a la medicación, ningún medicamento podrá actuar sobre la fragmentación de la identidad, pero sí ayudar en la comorbilidad, es decir, en los trastornos secundarios que aparecen junto con el trastorno disociativo, lo que ayudará en la evolución del tratamiento psicológico.