TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Cuando tus actitudes, creencias y comportamientos causan problemas en diferentes aspectos de tu vida. Estos patrones quizá han comenzado en tu infancia o adolescencia y te han acompañado a lo largo de tu vida.

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Cada persona tiende a comportarse de una manera congruente con lo que suponemos su “modo de ser”. En cada persona hay mecanismos psicológicos, cogniciones y conductas idiosincráticas que configuran su identidad y son estables y duraderas a lo largo del tiempo. Es a esto a lo que llamamos rasgos de personalidad.

Estos rasgos de personalidad configuran nuestra predisposición temperamental, (que es la parte innata de nuestra personalidad determinada por nuestra herencia genética), nuestra vida emocional y nuestra manera de interactuar con el medio y con nosotros mismos.

A diferencia de lo que consideramos, la personalidad no es un ente estático e inmóvil, sino que se puede ir moldeando según los estímulos externos y todo lo que nos rodea. Desde el momento en que nacemos, estamos incorporando hábitos, experiencias e incluso traumas que forjan nuestro carácter.

Existen varios factores que son determinantes en nuestra personalidad como son: la herencia genética, el afecto y el modelo de crianza, la educación, la nutrición, la salud física, el desarrollo neuropsicológico, el ambiente o el aprendizaje. Así, todos estos factores influyen en nuestro temperamento y predisposiciones biológicas y las van modulando, variando, afinando y conformando al fin y al cabo, nuestra personalidad.

La personalidad por tanto es el resultado de sumar carácter (temperamento/vulnerabilidad biológica y hábitos aprendidos) y conducta.

QUÉ SON

Un trastorno de la personalidad es un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento habitual en una persona, que tiene su inicio a finales de la adolescencia o principio de la edad adulta y da lugar a malestar o deterioro.

Los trastornos de la personalidad son variaciones desadaptativas de los rasgos de personalidad, que se mezclan imperceptiblemente con la normalidad y entre ellos.

Los rasgos de personalidad son constitutivos tanto de la personalidad normal como patológica, y se transforman en Trastornos de la personalidad cuando son inflexibles y desadaptativos, omnipresentes, de inicio precoz, resistentes al cambio y causantes de deterioro y malestar significativo.

SÍNTOMAS

Principalmente, la personalidad patológica procede de las alteraciones en el pensamiento sobre sí mismo y sobre los demás, es decir, existe una alteración en el funcionamiento interpersonal (empatía, intimidad y cooperación, y complejidad e integración de las representaciones de los otros), y en el funcionamiento personal (identidad, auto-concepto y auto-dirección), lo que acentúa el fracaso en la adaptación social (personalidad no adaptativa).

TRATAMIENTO

Sólo puedes ser diagnosticado de un trastorno de personalidad por un profesional de la salud mental, como un psicólogo sanitario o clínico, o un psiquiatra.

El diagnóstico no es un insulto hacia tu persona, sino que será una explicación de por qué te sientes y comportas como lo sueles hacer. Al igual que en una situación médica, el dolor en tu estómago cuando es diagnosticado adquiere el nombre de apendicitis y significa que estás enfermo, que hay una razón para el dolor y que puede tener tratamiento.

Has de saber que tenemos la capacidad para generar ciertos cambios en nuestra personalidad, de manera que podemos modificar ciertos rasgos que no nos agradan y mejorar la relación con nosotros mismos y con los demás.

Estos cambios son más fáciles mientras se moldea nuestra personalidad durante la infancia o la adolescencia; sin embargo, también podemos observar resultados positivos cuando somos adultos. Las modificaciones en la personalidad cuando se es adulto son menos obvias y menos llamativas, pero cuando se dan, suelen constituir cambios muy importantes y positivos para la vida de la persona.

Los cambios en algún rasgo de la personalidad no transforman a la persona en alguien completamente opuesto a lo que era, sino que se orientan a mejorar aquellos aspectos que suelen generar problemas, malestar, incomprensión o dificultades, aumentando el bienestar personal y social.

Si presentas un trastorno de personalidad, todos los cambios que quieras hacer en tu carácter llevarán tiempo y esfuerzo. Será un camino difícil, con muchos obstáculos que sortear y situaciones que te pondrán a prueba. La terapia cognitivo-conductual puede serte útil. Esta terapia también puede aumentar tu conocimiento sobre cómo tu comportamiento puede ser percibido por los demás. La psicoterapia de apoyo también es útil.

En los casos de trastornos de personalidad, el tratamiento complementario con psicofármacos será un recurso obligatorio para normalizar los síntomas y potenciar tu estabilidad emocional, haciéndote así más capaz de cumplir con el compromiso del tratamiento psicológico.

El tratamiento psicológico con familiares cercanos y allegados se hace también necesario para dotar de información útil, consejos e información adecuada, lo que mejorará la comprensión del problema y el afrontamiento de crisis y conductas de riesgo.  En muchos casos, el propio paciente no acudirá a tratamiento por voluntad propia, por lo que son los familiares o personas de su entorno quienes lograrán beneficiarse solicitando ayuda terapéutica.