Trastorno de la personalidad obsesivo-compulsivo

No debe ser confundido con el Trastorno Obsesivo Compulsivo, que es un trastorno de ansiedad.

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Meticulosos, inflexibles, indecisos, obstinados, autocríticos y con expresión de afectos restringida.

Son personas muy rígidas y poco espontáneas, perseverantes y parsimoniosas que necesitan orden, precisión y perfección. La tendencia a dudar y la indecisión, suele provocar la aparición de continuas repeticiones y comprobaciones que se acaban convirtiendo en una necesidad homeostática, a pesar de considerarlas inconvenientes o absurdas y admitirlas como supersticiosas.

Sin embargo, a diferencia de las personas con Trastorno Obsesivo Compulsivo (que es un trastorno de ansiedad), la persona con un trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo es egosintónica, es decir, no es consciente de tener un problema, haciendo la convivencia muy difícil.

Estas personas presentan un desarrollo excesivo del sentido del deber, así como la necesidad de tratar de completar todas las tareas meticulosamente. Esta tendencia suele dar lugar a una parálisis de la conducta por la indecisión y la necesidad de sopesar las alternativas, los pros y los contras, de manera que las tareas importantes frecuentemente no pueden completarse.

A pesar de su meticulosidad y sus comprobaciones no consiguen una adecuada sensación de seguridad porque no toleran la menor incertidumbre y suelen especular con posibilidades catastróficas o con problemas impredecibles, imaginando en lugar de actuar y utilizando estrategias cognitivas para intentar tranquilizarse. A veces se acogen a la superstición o a la delegación de las decisiones en otros.

Suelen ser personas pusilánimes (“demasiado buenas personas”), y evitan cualquier tensión interpersonal que pueda sumarse a la ansiedad derivada de sus constantes incertidumbres. Tienden a sentirse incómodos con los sentimientos, con los conflictos interpersonales y en situaciones en las que no tienen el control.

Además, son escrupulosos con el orden social y les disgusta la posibilidad de transgresión (suelen ser minuciosamente limpios, puntuales, rutinarios y ordenados), lo que culturalmente se suele valorar y reforzar.

A veces son frecuentes los estados de ansiedad y los trastornos depresivos, que parecen resultar de la combinación de una sostenida tensión emocional no expresada, una baja autoestima y un peculiar estilo de pensamiento. Pueden mostrar gran inseguridad, falta de confianza y un malestar emocional en forma de culpa o vergüenza por las deficiencias y fallos reales o percibidos en su conducta.